{"id":13884,"date":"2016-01-12T14:36:14","date_gmt":"2016-01-12T17:36:14","guid":{"rendered":"http:\/\/archivosonoro.com.ar\/?p=13884"},"modified":"2016-01-12T14:36:14","modified_gmt":"2016-01-12T17:36:14","slug":"casciari-triste-sin-sal-y-libre-de-humo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivosonoro.com.ar\/wordpress\/?p=13884","title":{"rendered":"Casciari: \u00abTriste, sin sal y libre de humo\u00bb"},"content":{"rendered":"<p>A finales del a\u00f1o 2015 yo ten\u00eda sobrepeso, fumaba como un sapo y estaba a punto de cumplir cuarenta y cinco a\u00f1os; es decir, ten\u00eda la edad exacta en la que se infartan los fumadores gordos y se mueren de camino al hospital. Tampoco hac\u00eda ejercicio f\u00edsico; solamente caminaba tres o cuatro pasos cuando me pon\u00edan la comida rica un poco m\u00e1s lejos de lo habitual. Era obvio que iba a tener un infarto muy bestia, y que me iba a morir bastante joven.<\/p>\n<p>Pero por alguna raz\u00f3n me salv\u00e9. Hoy es enero de 2016 y sigo vivo; ac\u00e1 estoy. Nadie entiende por qu\u00e9.<\/p>\n<p>Hasta hace unos d\u00edas mi vida era inconsciente y maravillosa. Ahora tengo que tomar siete pastillas cuando me despierto, tengo que ver doctores y hablar con ellos (nunca hab\u00eda visto a ninguno de cerca), tengo que caminar cuarenta minutos al d\u00eda, y sobre todo: tengo que escribir sin fumar. Es lo m\u00e1s triste que le puede pasar a un escritor que fuma.<\/p>\n<p>A este texto tengo que entregarlo en unas horas (*). Son alrededor de mil doscientas palabras y no estoy acostumbrado a semejante presi\u00f3n. Desde que tengo memoria escribo y fumo al mismo tiempo, como si las dos actividades fueran una sola. Yo no s\u00e9 qu\u00e9 me podr\u00e1 salir ahora de los dedos; seguramente me saldr\u00e1 una mierda horrible de autoayuda.<\/p>\n<p>Por lo que s\u00e9, los escritores que dejan de fumar, o los que viajan de repente a la India, o los que empiezan a creer que su vida se est\u00e1 enderezando, se convierten en imb\u00e9ciles sin remedio. Por eso aprovecho este p\u00e1rrafo para pedirle disculpas a mi editor y a los lectores.<\/p>\n<p>Al primero le digo que si no me paga las pr\u00f3ximas colaboraciones lo voy a entender perfectamente. A los segundos, que si escapan de esta p\u00e1gina y no vuelven nunca m\u00e1s en la vida me parece perfecto. Yo har\u00eda lo mismo, porque no me gusta leer a escritores como el que voy a empezar a ser.<\/p>\n<p>Para m\u00ed, que soy hijo de los malos h\u00e1bitos, escribir sin fumar es como andar en bicicleta sin manos. No es imposible hacerlo (de hecho tarde o temprano se logra), pero te das cuenta enseguida de que no vas nunca a donde se te antoja, sino a donde te llevan las ruedas.<\/p>\n<p>La bicicleta va sola, no la pod\u00e9s manejar. Y adem\u00e1s, \u00bfpara qu\u00e9 intentarlo? Ir en bicicleta deber\u00eda ser una aventura, no una acrobacia. Del mismo modo que escribir deber\u00eda ser un destino, y no un malabar de circo.<\/p>\n<p>Esto que estoy escribiendo, sin fumar, es malabarismo.<\/p>\n<p>Hasta ayer, cuando escrib\u00eda y fumaba, yo era feliz. El cerebro me dibujaba una par\u00e1bola de nicotina que se esparc\u00eda en la mesa con placer. Yo me acomodaba en ese colch\u00f3n de humo y despu\u00e9s, con alegr\u00eda, soltaba mis ideas y mis argumentos.<\/p>\n<p>Antes de prender el cigarro todo es precalentamiento. Antes de fumar se puede decidir el tema de la historia, se pueden acomodar los l\u00e1pices del escritorio, se puede elegir el tipo de letra, se puede ver porno diciendo que es un modo de relajarse, se puede anotar algo en una libreta para que d\u00e9 la sensaci\u00f3n de que uno es todav\u00eda anal\u00f3gico.<\/p>\n<p>Se pueden hacer muchas cosas antes de fumar. Pero el cerebro sabe que son preliminares. La historia empieza, siempre, cuando el fuego te explota en la garganta. Antes no.<\/p>\n<p>Y aunque s\u00e9 todo esto, hoy tengo que escribir esta columna sin una sola pitada, porque el doctor que me salv\u00f3 la vida me dijo que si vuelvo a ponerle sal a los almuerzos, o que si fumo un cigarro m\u00e1s, me caigo redondo en la calle y me muero como un miserable y ya no hay nadie que me pueda salvar.<\/p>\n<p>Yo no s\u00e9 si los m\u00e9dicos dicen esto para asustarte (es muy probable), pero el infarto que tuve fue bastante real y la malla de metal que me pusieron en el coraz\u00f3n no es de mentira, porque me sali\u00f3 car\u00edsima. Tambi\u00e9n todos los chequeos.<\/p>\n<p>De hecho, lo que m\u00e1s odio de lo que me pas\u00f3 fue perder ese invicto. Llevaba cuarenta a\u00f1os sin entrar a una consulta m\u00e9dica (la \u00faltima vez fue para que me quitaran las am\u00edgdalas, yo ten\u00eda cuatro a\u00f1os). Mi cuerpo no conoc\u00eda los diagn\u00f3sticos ni los chequeos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del infarto, cuando lograron reanimarme, me preguntaron si yo era hipertenso, quisieron saber si era diab\u00e9tico, me consultaron sobre mi colesterol. Y a todo yo respond\u00ed lo mismo: \u00abNo tengo la menor idea porque nunca fui al doctor\u00bb. Y se lo dec\u00eda con orgullo, en sus propias batas blancas.<\/p>\n<p>Hasta la semana pasada, ir al m\u00e9dico era para m\u00ed una superstici\u00f3n. \u00bfPara qu\u00e9 sacar turno, si era obvio que me iban a encontrar todos los males del mundo? Ir al m\u00e9dico era lo mismo que comprar todos los n\u00fameros de la loter\u00eda del c\u00e1ncer.<\/p>\n<p>Iba a entrar inmortal a la salita de espera, y despu\u00e9s iba a salir con la certeza de la muerte en la espalda. \u00bfPara qu\u00e9 hacerse mala sangre? Prefer\u00ed siempre que la muerte me llegara de imprevisto. Los m\u00e9dicos lo \u00fanico que hacen es ponerte la segunda fecha en la Wikipedia.<\/p>\n<p>Pero entonces pas\u00f3 lo del mes pasado, en Montevideo. Primero me com\u00ed un chivito con mucha grasa en La Rambla, regado con cerveza Pilsen, y de sobremesa me ped\u00ed un caf\u00e9 con crema y me prend\u00ed un porro, porque en Uruguay est\u00e1 permitido el porro. Fue mi \u00faltimo almuerzo feliz, aunque yo no lo sab\u00eda. Com\u00ed, fum\u00e9 y beb\u00ed con alegr\u00eda y una hora m\u00e1s tarde me empec\u00e9 a morir.<\/p>\n<p>Pero hoy no voy a contar esa an\u00e9cdota (la dejo para la semana que viene, porque es muy divertida: hay patrulleros, hay sirenas&#8230;). Hoy solamente dir\u00e9 que cuando los doctores uruguayos me salvaron, cuando nac\u00ed de nuevo en Montevideo, lo primero que supe es que no podr\u00eda volver a comer chivito, ni a meterme a la boca cosas con sal, ni podr\u00eda volver a aspirar las virtudes del tabaco mientras escribo.<\/p>\n<p>Desde hoy, soy como esos pintores que pierden los brazos y empiezan a dibujar con los pies. Nunca ser\u00e1n los mismo cuadros, pero la gente los comprar\u00e1 para Navidad, y todos dir\u00e1n: \u00abPobre muchacho, qu\u00e9 mal dibuja con los pies, pero cu\u00e1nta voluntad que le est\u00e1 poniendo a su vida de mierda\u00bb. Eso dir\u00e1 la gente.<\/p>\n<p>En el momento en que me infart\u00e9 supe que, si no me mor\u00eda, lo pr\u00f3ximo que iba a escribir ser\u00eda un texto triste y sin gracia, un texto libre de humo como los bares de este siglo. Y ac\u00e1 estoy: se los dejo caliente, sin corregir, para sac\u00e1rmelo de encima y poder seguir con mi vida sin sal.<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/app.box.com\/embed\/preview\/wrah24dadz4ewe92qfbpeowunjyb6v3k?theme=dark\" width=\"500\" height=\"88\" frameborder=\"0\" allowfullscreen webkitallowfullscreen msallowfullscreen><\/iframe><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A finales del a\u00f1o 2015 yo ten\u00eda sobrepeso, fumaba como un sapo y estaba a punto de cumplir cuarenta y cinco a\u00f1os; es decir, ten\u00eda la edad exacta en la que se infartan los fumadores gordos y se mueren de camino al hospital. 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